sábado, 20 de julio de 2013
Cuando le vi por primera vez me salio esa sonrisa de tonta y me quede embobada. Se acercó a mi y solo podía reír. No quería que esa tarde se acabara nunca, era tan especial.. Llego la hora de irnos a casa, aunque me dijo que nos volveríamos a ver, y así fue. Hablábamos a todas horas, era mi más bonito despertar, hacía que mi mundo fuera como lo deseaba. De repente me dijo que me quería, nos estábamos precipitando demasiado, lo sabíamos. Nos arriesgamos y perdimos todo lo que teníamos entre nosotros. Ya ni un simple 'hola' con el que empezar la conversación, ni si quiera somos capaz de mirarnos a la cara. ¿Sabéis? Dicen que la curiosidad mató al gato, pero no cuentan si lo que descubrió valía la pena.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario